Cita del día

La angustía es el vértigo de la libertad (KIERKEGAARD).

San Agustín VI: San Agustín y el Estado Imprimir E-Mail
Escrito por Burdon   


San Agustín y el Estado:

1. El Estado y la Ciudad de Babilonia no son idénticos:

   Aun cuando la Ciudad de Babilonia , en su sentido moral y espiritual, tiende a ser identificada con el Estado, particularmente con el Estado pagano, y la Ciudad de Jerusalén tiende a ser identificada con la Iglesia como organización visible, la identificación no es completa; no se puede concluir legítimamente que porque un hombre sea, por ejemplo, un personaje eclesiástico, sea necesariamente un ciudadano de la espiritual Ciudad de Jerusalén, porque, en lo que concierne a su condición espiritual y moral, puede pertenecer a la Ciudad de Babilonia. Además, si el Estado coincidiese necesariamente con la Ciudad de Babilonia, ningún cristiano podría ocupar legítimamente cargos en el Estado, ni siquiera ser un ciudadano, y san Agustín distó mucho de suscribir semejante opinión.


2. El Estado pagano no encarna la verdadera Justicia:

 

   Pero si el Estado y la Ciudad de Babilonia no pueden identificarse simplemente, tampoco cryó san Agustín que el Estado como tal se fundamentase en la justicia, o que la verdadera justicia se realice en ningún Estado real; no; desde luego; en ningún Estado pagano, pero la verdadera justicia exige que se rinda a Dios el culto que a Él se debe.

   San Agustín define la sociedad como "una multitud de criaturas racionales asociadas de común acuerdo en cuanto a las cosas que aman". Si las cosas que aman son buenas, se tratará de una sociedad buena, pero si las cosas que aman son malas, se tratará de una sociedad mala: nada se dice en la definición en cuanto a los objetos, buenos o malos, de ese amor, y el resultado es que tal definición puede ser aplicada incluso al Estado pagano.

   El Estado no encarnará la justicia verdadera, que no será realmente un Estado moral, a menos que sea un Estado cristiano; es el cristianismo lo que hace a los hombres buenos ciudadanos. El Estado, en sí mismo, como instrumento de fuerza, tiene sus raíces en las consecuencias del pecado original, y, dado el hecho del pecado original y de sus consecuencias, es una institución necesaria; pero el Estado no puede ser justo a menos de que sea cristiano. En otras palabras, el Estado dejado a sí mismo, es informado por el amor a este mundo; pero puede ser informado por principios más elevados, principios que deben derivar del cristianismo.

3. La Iglesia, superior al Estado:

   De ahí se siguen dos importantes consecuencias:

 

  • La Iglesia cristiana ha de tratar de informar a la sociedad civil con sus propios celestiales principios de conducta: tiene la misión de obrar como la levadura de la tierra. La concepción agustiniana de la Iglesia de Cristo y de la misión de ésta fue esencialmente una concepción dinámica y social: la Iglesia debe impregnar al Estado con sus principios.
 
  • La Iglesia es, pues, la única sociedad realmente perfecta, y es claramente superior al Estado, puesto que, si el estado debe tomar sus principios de la Iglesia, no puede estar por encima de ésta, ni siquiera a su mismo nivel.

   San Agustín insistió al mismo tiempo en el valor de la libre personalidad humana y de la responsabilidad moral, incluso contra el Estado, de modo que en ese aspecto "hizo posible el ideal de un orden social que descanse en la libre personalidad y en un esfuerzo común hacia fines morales".

 Frederick Copleston 

 
< Anterior   Siguiente >

© 2014 El Rincón de Burdon
Joomla! es Software Libre distribuido bajo licencia GNU/GPL.