| Cita del día |
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Si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma (ARISTÓTELES). |
| Tres Reflexiones |
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| Escrito por Burdon | |
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PENSAMIENTO HUMANO
¿Es anterior el conocimiento a la palabra? ¿Es posible el pensamiento sin lenguaje, o éste sin aquél? ¿Son las ideas lo mismo que sus signos? ¿Son las ideas igual que el pensamiento que las expresa? ¿Se compone el pensamiento de unidades? ¿Puede analizarse el pensamiento hasta en sus últimos elementos de igual forma que el lenguaje en que el pensamiento se expresa, como si este lenguaje, que es material, fuese comparable al pensamiento, que no lo es?
Estas preguntas y otras muchas de corte parecido me surgen cada vez que me planteo la cuestión del pensamiento humano, no la de su origen o estructura, sino la de qué es el pensamiento humano.
No cabe duda de que existe un determinado pensamiento humano y tenemos también la convicción de que se desarrolla un esfuerzo único en los millones de facetas en que se refleja lo real a través del tiempo y del espacio. Estamos seguros de que el poder de las ideas es inmenso y de que, aún las más abstractas, siempre mantienen una determinada relación con la vida y ejercen sobre ella alguna acción indirecta y que, por consiguiente, la búsqueda de la verdad resulta tarea esencialmente humana.
No es posible, por tanto, aislar a la Filosofía colocándola al margen de la vida, ya que se halla vinculada a las fundamentales necesidades de la Humanidad. Así pues, de estas necesidades, de la moral, de la religión, del mito..., brota la filosofía griega. Una reflexión ésta que nos lleva desde el pensamiento colectivo, al social, y de éste al individual, que es el pensamiento crítico.
Una reflexión que comienza con la pregunta, cualquiera; que se estructura luego en una trama lógica de pensamiento, y, que desemboca, siempre, en la perplejidad que nos produce la necesidad de explicar lo que nos encontramos o lo que nos rodea, que es lo mismo. Y eso que nos envuelve, como muy bien se dieron cuenta los griegos, no es otra cosa que el cambio.
De esta forma, en Grecia, el pensamiento adquiere un nuevo carácter al convertirse en especulativo, pero además, el desenvolvimiento de estas facultades especulativas se ve acompañado con el de las estéticas: el mundo abstracto del pensador se construye entonces al lado de otro mundo lleno de brillantez y de animación, que no es otro que el mundo de la poesía, así, la satisfacción de comprender complementa o rectifica el arte de gozar lo bello.
Se llega, de esta forma, a una etapa de la evolución en la que el espíritu ya no sirve simplemente las necesidades de la humanidad, sino que las suyas propias y su mismo ejercicio van creando una humanidad nueva.
Es esta, pues, una reflexión que nace o que renace todos los días. Un pensamiento que desempeña el filtro de las pretensiones humanas y que está determinado por las embarazosas contradicciones de la existencia. Un pensamiento que desemboca ya no en la abdicación de la razón ante la fe, sino en una prudente o imprudente sumisión de ésta a la experiencia.
IDEA DE DIOS
¿Qué saber general, qué verdades fundamentales dan un sentido preciso a la vida y a la muerte? ¿Qué diferencias esenciales hay entre la fe y la razón, o entre la/s religión/es y la/s filosofía/s? ¿Es posible creer en una eternidad que acaba y otra que empieza? Cuestiones éstas tan antiguas como el origen de las civilizaciones; contraposiciones que llevan consigo, además, problemas de gran alcance, tal como el de si hay alguna relación entre la religión y la filosofía y, si la hay, de qué tipo o signo puede ser ésta; o la tan manida distinción entre creer y saber.
Partiendo de estos principios, pienso que el objetivo de toda investigación seria sobre el hecho religioso, debería ser la de conciliar, o mejor dicho, la de reconciliar la ciencia con la/s revelación/es, la razón con la fe. Es decir, sería tratar de demostrar en filosofía los principios absolutos que armonizan todas las antinomias y las contradicciones, sería, en definitiva, superar de una vez por todas el sentimiento de dualidad, que nos identifica a la vez que nos da sentido, que nos constituye a la vez que nos oculta. Revelar, en fin, el equilibrio universal de las fuerzas naturales. Sin embargo, dicha petición se contradice en el mismo instante de su formulación.
En efecto, si la ciencia afirmara que no sabe, se destruiría a sí misma. Pero la ciencia no sabe, ni debe intentar, hacer la obra de la fe, así como la fe tampoco debe inmiscuirse ni decidir en materia de ciencia. Una afirmación de la fe, que la ciencia tuviera la temeridad de estudiar, no sería para ella sino un absurdo, por lo mismo que una afirmación científica que nos diera un artículo de fe sería absurda en el orden religioso. Creer y saber son dos términos que nunca pueden confundirse, pero también son dos términos que no son excluyentes. Por tanto, tampoco podrían oponerse el uno al otro en un antagonismo corriente. Dicho con otras palabras: es imposible creer lo contrario de lo que se sabe sin dejar, por esto mismo, de saberlo; y es igualmente imposible llegar a saber lo contrario de lo que se cree sin dejar de creerlo inmediatamente.
El negar o incluso oponerse a las decisiones de la fe en nombre de la ciencia es probar que no se comprenden la una ni la otra.
Así es que podemos decir que la fe comienza allí donde la ciencia termina, o viceversa. Dicho con otras palabras: la fe aspira a comprender lo desconocido, el misterio, pero, cuando el misterio deja de ser misterio ya no es objeto de fe sino de ciencia. La razón, por su parte, examina dicho misterio y lo encuentra absurdo. Pero, si esto no fuera así lo comprendería; y si lo comprende, éste no es ya una fórmula de lo desconocido. Es un infinito finito, es lo desconocido conocido. No obstante, esto no quiere decir que lo finito, por sí solo no pueda revelar lo infinito, pues si la historia fuese sólo el reino de lo finito, sin relación alguna con la trascendencia, Dios (dioses) no podría revelarse en ella (en la historia). Además, querer comprender la realidad finita sin Dios es una pura abstracción, ya que lo finito no tiene subsistencia en sí mismo.
Por otra parte, la historia nos enseña que en el momento en que se explica una religión, deja de ser una religión, por eso Dios no puede ser definido sino por la fe, porque las afirmaciones sobre Dios no son susceptibles de verificación. Y también son las religiones las que dan origen a los sistemas éticos y políticos que rigen en las sociedades.
NUESTRA VISIÓN DEL MUNDO
La contemplación de los progresos insospechados de las ciencias y de las técnicas, que transforman las condiciones y hasta el ritmo de la vida, conduce a una especie de idolatría de la ciencia, de la técnica y de la industria en general, consideradas como posibilidades de satisfacer todas las necesidades del hombre, incurriendo por lo mismo en una incruenta deshumanización de las sociedades.
El resultado de todo esto es una especie de vuelta atrás, es decir, una especie de crisis que afecta al propio proceso de industrialización y de progreso, y, por lo mismo, a las sociedades tecno y económicamente más desarrolladas. Las consecuencias humanamente más agudas de este proceso se observa no sólo en las zonas más marginales de las sociedades modernas e industrializadas, sino también, como aldea global que somos, en todos aquellos países en vías de desarrollo, donde, tanto en las primeras (las zonas marginales) como en los segundos (los países en vías de desarrollo), se acumulan de manera indefinida la pobreza, la degradación social y ecológica, y conflictos sociales y militares que, considerados a medio plazo, no tienen solución.
Filosofía y Ciencia caminan hoy al mismo paso, negándose la una como la otra a dejarse detener por una teoría que se pretenda definitiva desembocando, de esta forma, en la actual crisis de la sociedad. Una sociedad que se ha erigido ella misma en criterio de verdad. Una sociedad en la que todas las creencias, todos los cultos, todas las opiniones, todas las supersticiones..., son considerados aceptables y subjetivamente verdaderos: las acciones más injustas e inmorales están justificadas.
De lo inmediato y particular han hecho un elemento exclusivo y preciado, un elemento único y valorado que nos marca un principio de conducta, pero esto es, sin lugar a dudas, el más ínfimo de todos los conocimientos y de todos los valores. Este progreso no es más que un burdo disfraz para camuflar la inevitable inercia que conlleva la ciencia y que envuelve por tanto a los científicos con ciertos tintes de libertad. Una libertad sostenida por una supuesta racionalidad, y una racionalidad que encuentra su mejor aliado en la noción de desarrollo o progreso, que no es exactamente evolución del espíritu científico, en el sentido más tradicional, estricto y genuino que dicho concepto puede arrojar. Es cierto que hoy por hoy pocas personas, según creo, pondrían en tela de juicio el progreso, el desarrollo habido tanto en la acumulación de recursos materiales y de conocimientos científicos como en nuestro dominio del mundo circundante en su significado más técnico. Lo que se pone en duda es que el siglo XX, y lo que llevamos del XXI, haya sido testigo de algún progreso en nuestra ordenación de la sociedad, en su sentido más amplio y riguroso, en nuestro dominio del mundo social ambiente, tanto nacional como internacional.
Cabe preguntarse en fin si no ha habido una marcada regresión en este aspecto. ¿Acaso no ha tenido la evolución del hombre como ser social un retraso fatal frente al progreso de la ciencia, de la industria y de la tecnología? No nos queda más remedio que aceptar que estamos en crisis.
Pero yo creo que la crisis no es algo negativo, sino al contrario. Es la flecha que nos marca la dirección que deben seguir los tiempos, siempre el mismo sentido: hacia adelante, como si fuese la única forma de definir qué es el hombre, siempre rompiendo los moldes recibidos. La trasgresión de la norma para avanzar, para superarnos, aunque ello conlleve en muchas ocasiones dolor y sufrimiento. Es lo mismo que sucede en la Filosofía, en el arte, la política..., y la cultura en general; es consustancial al hombre buscar nuevas formas (de lo que sea), algunas son las que perduran y las que abren nuevos caminos, otras desaparecen. |
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