Cita del día

El fuego es escasez y abundancia (HERÁCLITO).

La Filosofía Islámica Imprimir E-Mail
Escrito por Burdon   

LA FILOSOFÍA ISLÁMICA:


1.- Introducción:


La filosofía árabe constituyó uno de los canales principales para la introducción en Occidente del conjunto de las obras de Aristóteles; pero los grandes filósofos del Islam medieval, hombres como Avicena y Averroes, fueron algo más que meros transmisores o comentaristas; transformaron y desarrollaron la filosofía de Aristóteles, más o menos según el espíritu del neoplatonismo, y varios de ellos interpretaron a Aristóteles en puntos importantes en un sentido que, fuese o no exegéticamente correcto, era incompatible con la fe y la teología cristianas.


2.- Los orígenes de la filosofía islámica:


La filosofía islámica estuvo conectada con el cristianismo en sus orígenes, debido al hecho de que fueron cristianos sirios quienes tradujeron primeramente al árabe a Aristóteles y otro filósofos antiguos.

La primera etapa consistió en la traducción de obras griegas al siríaco.

La segunda etapa consistió en la traducción al árabe de las traducciones siríacas, fundamentalmente médicas y filosóficas.

Los filósofos musulmanes pueden ser clasificados en dos grupos, el grupo oriental, con Alfarabí, Avicena y Algazel, y el grupo occidental, cuyo mayor exponente fue Averroes.


ALFARABÍ:


Perteneció a la escuela de Bagdad y murió hacia el año 950.

Ayudó a introducir al mundo de cultura islámica en la lógica de Aristóteles, a la vez que, por su clasificación de los departamentos de filosofía y teología, hizo, por así decir, a la filosofía consciente de sí misma, distinguiéndola de la teología.

La lógica es una propedéutica y preparación para la filosofía propiamente dicha, la cual es dividida por Alfarabí en física, que comprende las ciencias particulares (incluida la psicología y con la teoría del conocimiento tratada dentro de la psicología) y metafísica, como las dos ramas de la filosofía teorética; y ética o filosofía práctica. Su esquema de la teología incluída como secciones 1) la omnipotencia y justicia de Dios; 2) la unidad y otros atributos de Dios; 3) la doctrina de las sanciones en la vida futura; 4 y 5) los derechos del individuo y las relaciones sociales del musulman.

Al hacer de la filosofía un dominio separado, Alfarabí no pretendía, pues, suplantar ni socavar la teología islámica: más bien ponía la esquematización y la forma lógica al servicio de la teología.

Se valió de argumentos aristotélicos para probar la existencia de Dios. Argumentó que todo recibe su movimiento de un Primer Motor. Las cosas de este mundo son contingentes, no existen necesariamente. De ahí que deba admitirse un ser que exista esencialmente, necesariamente, y es la causa de todos los seres contingentes.

La influencia neoplatónica se manifiesta en el sistema general de Alfarabí. Así, el tema de la emanación se emplea para mostrar cómo de la Divinidad última, o uno, proceden, jerárquicamente, todas las demás cosas que existen.

La inteligencia del hombre es iluminada por la inteligencia cósmica, que es el intelecto agente del hombre.

Esa doctrina de la iluminación se relaciona no solamente con el neoplatonismo, sino también con el misticismo oriental. Así es que su filosofía era de orientación religiosa. La más elevada tarea del hombre consiste en conocer a Dios y, lo mismo que el proceso general del universo es una emanación de Dios y un regreso a Dios, también el hombre, que procede de Dios en el proceso emanativo y que es iluminado por Dios, se esfuerza en regresar y asemejarse a Dios.

 

 AVICENA:

 

El más grande de los filósofos musulmanes del grupo oriental es sin ningún género de dudas Avicena (980-1037), el verdadero creador de un sistema escolástico en el mundo islámico.

La metafísica de Avicena, a pesar de lo que toma tanto de Aristóteles como del neoplatonismo, manifiesta características propias. Por ejemplo, aunque, a la par de Aristóteles, asigna a la metafísica el estudio del ser en tanto que ser, Avicena hace uso de una ilustración no-aristotélica para mostrar que la mente aprehende necesariamente la idea de ser, aunque ésta se adquiere normalmente a través de la experiencia, ya sea ésta externa o autoconsciencia.

Para Avicena la noción de necesidad es también una noción primaria, porque para él todos los seres son necesarios. Es preciso, sin embargo, distinguir dos tipos de necesidad.

En efecto, en primer lugar, un objeto particular en el mundo no es necesario por sí mismo: su esencia no implica la existencia necesariamente, como lo muestra el hecho de que empieza a ser y deja de ser; pero es necesaria en el sentido de que su existencia está determinada por la acción necesaria de una causa exterior. En consecuencia, un ser contingente significa para Avicena un ser cuya existencia es debida no a la esencia del mismo ser, sino a la acción necesaria de una causa externa. Tales seres son ciertamente causados, y, por lo tanto, contingentes, pero no por ello es menos determinante la acción de la causa.

En segundo lugar, eso lleva a Avicena a argumentar que la cadena de causas no puede ser infinita, puesto que entonces no habría razón alguna para la existencia de nada, sino que debe haber una primera causa que sea en sí misma incausada. Ese Ser incausado, el Ser necesario, no puede recibir su esencia de otro, ni puede su existencia formar parte de su esencia, puesto que la composición en partes supondría una causa anterior unificadora: esencia y existencia deben ser, pues, idénticas en el Ser necesario.

Estrechamente enlazada con la distinción entre lo necesario y lo contingente o posible está la distinción entre acto y potencia.

Avicena distinguió los intelectos activo y pasivo, pero hizo del entendimiento agente una inteligencia unitaria y separada que ilumina al intelecto humano y confiere a éste su captación intelectual y abstracta de las esencias.

Avicena procuró, en la medida en que pudo, reconciliar su sistema aristotélico-neoplatónico con la ortodoxia islámica.

Por otra parte, algunos principios fundamentales del sistema de Avicena favorecen el panteísmo; pero no cabe duda que que él no era intencionadamente panteísta.

Avicena influyó en el escolasticismo latino al menos en tres temas, el del conocimiento y la iluminación, el de la relación esencia y existencia, y el de la materia como principio de individuación.


ALGAZEL:


Algazel (1058-1111), enseñó durante algún tiempo en Bagdad, se opuso a las doctrinas de Alfarabí y Avicena desde el punto de vista de la ortodoxia mahometana.

Presentó sus opiniones defendiendo la doctrina ortodoxa de la creación del mundo en el tiempo y a partir de la nada, contra las ideas avicenistas de emanación y de la eternidad del mundo. Defendió también la doctrina de la causalidad universal de Dios, haciendo que la conexión entre causa y efecto dependiese del poder divino, y no de ninguna actividad causal de parte de las criaturas, Algazel ve consecuencia o conjunción constantes, y concluye la relación de causa y efecto, mientras que, en verdad, el que un acontecimiento siga a otro se debe simplemente al poder y acción de Dios. En otras palabras, Algazel mantuvo una doctrina ocasionalista.

El mayor interés de su vida estuvo constituido por el renacimiento de la religión, en el sentido del misticismo. Edificó un sistema de espiritualidad que era de carácter personalista, es decir, no panteísta.

En el campo de la especulación puramente filosófica manifiesta una actitud algo escéptica, y representa la protesta del misticismo religioso contra el racionalismo, así como la de la teología islámica contra la filosofía aristotélica.


AVERROES:


Para Averroes (1126-1198), la escala metafísica asciende desde la pura materia, como su límite más bajo, hasta el acto puro, Dios como el más alto límite. Entre uno y otros límites están los objetos compuestos de potencia y acto, que forman la Natura naturata. La materia prima, como equivalente al no-ser, como pura potencialidad y ausencia de toda determinación, no puede ser el término del acto creador: es, pues, coeterna con Dios. Dios, sin embargo, saca o educa las formas de las cosas materiales a partir de la potencia de la pura materia, y crea las inteligencias, en número de diez, en conexión extrínseca con las esferas, de modo que la teoría aviceniana de la emanación queda evitada y se excluye un verdadero panteísmo. El orden de la creación o generación de las cosas es, sin embargo, determinado.


EL DANTE:


El Dante (1265-1321), debe importantes puntos de su filosofía a los sistemas de Alfarabí, Avicena, Algazel y Averroes, por ejemplo, la doctrina de la luz divina, la teoría de las Inteligencias, las influencias de las esferas celestes, la idea de que solamente la parte intelectual del alma es directa y propiamente creada, la necesidad de iluminación para la intelección, etc.

Lejos de ser un tomista puro y simple, tiene una considerable deuda con los musulmanes, y con Averroes en particular.

 

 
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