Cita del día

La ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie (MONTESQUIEU).

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Escrito por tilde   

 AVERROES

 

Con Averroes el pensamiento medieval recupera el racionalismo de Aristóteles y el naturalismo de la ciencia griega, ocultos hasta entonces por las lecturas neoplatonizantes del Corpus aristotelicum y por los sincretismos filosóficos orientales.

 

La psicología constituyó un tema de interés permanente y preferente en el pensamiento de Averroes. El tratado aristotélico Sobre el alma llegó a comentarlo hasta tres veces: en forma de compendio, de paráfrasis y de comentario literal, algo inusual en él pues sólo llegó a realizar esta triple tarea hermenéutica en otras cuatro ocasiones (sobre los Segundos analíticos, la Física, el De Caelo y la Metafísica).

 

Pero, además de en los comentarios a Aristóteles, el filósofo cordobés se interesó también por la psicología en otras obras suyas. Así, por ejemplo, en su más ambiciosa obra teórica donde polemiza con el teólogo persa Algacel, el Tahafut Al-tahafut. Se ocupó asimismo de cuestiones psicológicas en los siguientes opúsculos: De animae beatitudine; comentario al tratado De intellecto de Alejandro de Afrodisia; Comentario al tratado Acerca de la unión del intelecto con el hombre de Ibn Bayya, del que sólo se ha conservado el título; Sobre la posibilidad de la conjunción o sobre el intelecto material.

 

Avanzando respecto a Aristóteles, para quien el cerebro no desempeñaba ningún papel cognitivo sino que era sólo un simple refrigerador del corazón, el filósofo cordobés afirma que la imaginación, la memoria y la cogitativa residen en el cerebro.

 

La imaginativa proporciona la especie formal del objeto, cuando este ya no se encuentra en los sentidos, y está localizada en la proa o parte superior del cerebro (lóbulo frontal). La cogitativa aparece en la cámara media del cerebro; mediante esta facultad piensa el hombre sobre los objetos que necesitan reflexión o elección para decidir sobre lo más conveniente.

 

La sensitiva es regulada por el sueño, pues el dormir es descanso y acallamiento de los sentidos. En la vigilia la sensación mueve primero al sensorio común y después este mueve a la imaginativa; durante el sueño se opera de modo contrario.

 

La facultad conservativa (memoria almacén) está localizada en la popa o parte posterior de la cabeza (lóbulo occipital) juntamente con la facultad reminiscible (evocación mnésica). Entre ambas no existe diferencia real, aunque la memoria almacén presupone una conservación permanente y la evocación mnésica una conservación discontinua (memoria a corto término).

 

Lo que enseña la experiencia es el admirable modo por el cual a cada sensible propio corresponde un órgano adecuado y viceversa: transparencia para la luz y el ojo, aire para los sonidos y el oído, etc. La riqueza de los órganos de los sentidos y la posibilidad de operar simultáneamente permiten captar los sensibles comunes, como el movimiento, el número, la figura, la cantidad, etc.

 

Sin embargo este sistema por sí solo no garantiza que lo percibido tenga la connotación de percibido por el hombre aquí y ahora; este es el sentido del sensorio común, que no es sexto sentido, sino el sentido de los sentidos, alimentado por lo percibido y retroalimentador de aquellos.

 

La imaginativa es el paso necesario hacia los procesos psíquicos que se consideraban preintelectivos, ya que puede actuar sin la presencia inmediata de los sensibles, al que en cierto modo retiene momentáneamente, pero sin la seguridad de la sensación.

 

Averroes piensa que esta potencia psíquica pertenece solamente a los animales superiores, pues en las observaciones empíricas había observado que los gazapos y las moscas solo respondían a estímulos sensibles. Intuye algo que hoy se sabe que se produce dentro del mecanismo perceptivo-sensorial: cuando la imaginativa es actualizada por la sensación, los sensibles que la han llevado al acto pueden quedar impresos en ella pudiendo seguir actuando como si estuvieran presentes, aun después de haber cesado las especies de la primera intención sensible.

 

Siguiendo a Aristóteles, Averroes piensa que sin el contacto con el mundo material no hay posibilidad de conocimiento, de ahí la necesidad de los órganos de los sentidos. Las formas sensibles no existen en la realidad física en cuanto tales, sino cuando las abstrae el hombre.

 

Si un hombre concreto, y toda la humanidad, pueden alcanzar la certeza de que esto es un libro, ello es debido a que una misma forma existe en quien lo piensa, escribe, imprime y lee en el mismo libro. Todo el proceso se apoya en la unidad establecida entre las cosas reales y su concepto, y esto es posible por el principio fundamental de la impenetrabilidad de las formas (cuando una materia recibe una forma no puede recibir otra diferente).

 

La materia del papel y la tinta actualizada por la forma de este libro no puede recibir otra, salvo que esto deje de ser libro. La principal novedad del complejo proceso intelectual explicado por el filósofo es la unidad del entendimiento material. Su razón de ser estriba en que, tanto el entendimiento en acto como el entendimiento en hábito se apoyan en el entendimiento material o posible, característico del hombre, que se llama material por analogía con la materia prima, pues como ésta puede convertirse en todas las cosas.

 

El entendimiento en acto es por naturaleza finito y determinado; el entendimiento material no puede ser considerado como una cosa particular, sino que en potencia es todas las cosas.

 

No es, por tanto, materia, ni forma, compuesto de materia y forma, siendo su esencia específica su capacidad de existir en potencia.

 

El fundamento inicial del conocer es el carácter pensante del sujeto humano: Así, la perfección intelectual se distingue en tanto que el pensamiento es el sujeto pensante, por ello se dice que el entendimiento es el inteligible mismo, después de que las formas inteligibles han sido despojadas de la materia. En el concurso intelectivo, la realidad concreta, individual y transitoria del cambiante mundo humano estaría representada por el entendimiento adquirido o especulativo. Por tanto, ni el entendimiento agente que por definición es separado, ni el material que por su unidad es único, ni el adquirido o especulativo que por sus principios es común, pueden ser llamados por el hombre concreto su entendimiento.

 

El entendimiento al que todo hombre pueda llamar como suyo propio es:

 

-         El entendimiento en acto de forma operativa e inmediata.

       -    El entendimiento pasivo, gracias al cual existe la posibilidad de que en cada hombre se produzca la adecuación entre el entendimiento agente y el material y pueda tener acceso al entendimiento adquirido o especulativo.

 

 
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