| Cita del día |
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La libertad es lo que se niega precisamente a sufrir una acción (LEVINAS). |
| S - La Metafora de Nuestra Vida |
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| Escrito por Burdon | |
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La metáfora de nuestra vida está marcada por la melancolía de las obras fracasadas, que son el flujo y el no reposo del tiempo, la búsqueda, las preguntas, los deseos..., la ausencia infinita que nos desgarra el pensamiento entre lo concreto y la diferencia interior, que significa la imposibilidad de mantenerse quieto. Tendencia más que deseo. Paciencia más que conciencia, o pensamientos que exceden el propio pensamiento: pensamiento que piensa más de lo que piensa y que espera sabiendo que no hay nada que esperar. Una espera sin lo esperado; una espera paciente, que no termina nunca; un decir que reclama un desdecir como lógica y como sentido, donde el hablar, el pensar y el sentir no muestra una separación entre el silencio, el absurdo y el sinsentido, que es aquello que se va, que se va y que pasa, devorando las intenciones y aquélla paciencia de la que hablé antes en la que se reprime. Es el tiempo, que está hecho de imposibles, pero está hecho, al fin y al cabo, aunque inacabado y a la vez insustituible por cualquier otra cosa. Somos, en fin, rehenes de nuestra propia subjetividad; estamos marcados por el signo de un transcurrir sin pausa ni relajo, un transcurrir que llamamos tiempo, pero que no es tiempo si no fuese muerte, que es espera sin nada que esperar. Un tiempo hecho de un momento, de un solo instante, un de repente, pasivo, inextenso, porque lo abarca todo, y que colma el sentido y el lugar. Un castigo que no satisface el pensamiento. Demasiado temor. Es preciso entender para no desembocar fatalmente en ese paralelismo descorazonador que nos remite hasta el infinito y que nos diferencia de ese otro que no soy más que yo. Ahí yace ese fenómeno, el único fenómeno, un fenómeno que no es más que trascendencia, diacronía del tiempo, pasividad pura, el enigma de un vacío que, a pesar de la inercia, nunca se llenará, haciendo estallar, por lo mismo, la identidad. La idea de la diferencia aparece entonces entre tú y yo, despojándonos a la vez de la interioridad y de la imposibilidad de esa interioridad. Nos gustaría elevar este análisis aún más allá, pero una sombra, como siempre, nos oculta los términos sacándolos de la relación en la que nos parece que están implicados. Todo se nos vela, cualquier instante se nos oscurece estableciendo los equívocos propios de la inteligibilidad y las estructuras construidas con su lógica. Son las mentiras de las ideologías, que no dicen, que no hablan, que no callan. El lenguaje entonces se resuelve sólo en silencio, superando lo concreto, la individualidad y la determinación, a diferencia del movimiento, a diferencia de lo establecido donde el ojo anticipa los gestos y el sentido común confirma la alianza sempiterna con todo lo anterior. Nos estamos adentrando en el reino de lo intocable, en el dominio de lo impensable, donde nada se negocia ni se resiste, donde nada es desigual y donde nada puede capturarse y comprenderse. Dejar de pensar. Dejar de sentir. Es otro mundo, un mundo que está siempre en los límites del conocimiento, lo suficientemente lejos como para parecernos que no está en ninguna parte, o que solamente está en las metáforas de lo que es anterior, que es todo lo que nos precede. Un punto rodeado de nada. Pregunta, esperanza, proporción, carácter de lo ajeno, que no es lo exterior porque es más externo que la exterioridad, que no es suficientemente externa. Carácter de la percepción que es búsqueda, interrogación, espera, resignación, intencionalidad, escapada, derrota deserción. Carácter del sentido que es sólo una conexión. ¿Cómo puedo escapar de esta locura, de esta obsesión? ¿Cómo puedo escapar de mi conciencia? ¿Es ésta la paradoja de la vida? Estamos obligados a existir sólo para nosotros mismos, aunque nos disfracemos de entrega y dedicación. Éste es el sentido fuerte de la vida, pasivo, anterior, irreductible, que no consigue salir de la diferencia, una diferencia siempre infranqueable y que sigue siendo a pesar de mi intención una no-diferencia, o una no-indiferencia. Dejemos pues que esta no-indiferencia nos muestre su perfil más infinito, que no cuenta nada que no se lleve a cabo en la disimetría original, o en la desigualdad primigenia, que es donde se encuentran todos los límites. Ruptura y desbordamiento, origen, agitación, comienzo de la diacronía, que es tiempo e imposibilidad de terminar. No hay sílabas ni palabras que sean la última sílaba y la última palabra: el fin de lo no-finito que no es eternidad. Lo absolutamente no contenido en ningún lugar: lo indeseable. Es la única forma que tiene el infinito, la muerte, el no-tiempo, la nada, Dios, de mentirnos, de engañarnos..., ¡es su error! |
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